El taller de mecánica, el taller de obrero, el taller de fábrica, el taller de artesano, el taller de hilandero: la escritura literaria es un trabajo manual, ¿no? Es algo que tú le haces al lenguaje, tú le haces, la conciencia de la intertextualidad, que no me le pongo al personaje, a dónde me va a derivar.
Yo hago el trabajo del extrañamiento, para producir en el lector una mirada nueva de las cosas. Yo sé que el lector va a connotar. Esto del iceberg, lo de Hemingway, ¿no? Que también usamos como lectura, ¿no? de poética, ¿no? También el texto, la escritura, lo que leo, ¿no? Lo que todos sabemos leer, saliendo de seis años. Pero el escritor de literatura lo que busca es la parte de abajo, que también forma parte del cuerpo, lo no dicho, lo implícito, lo que está entre líneas, el sentido, si hay ironía, si hay hipérbole, ¿no?
Hay que respirar, hay que estar in the zone, no sé cómo se dice en español esto. No te vas a poner un smoking para vivir, lo puedes hacer, pero es una cuestión más de gimnasio, de taller, de transpiración. De escritura, de borramiento, ¿no? Copy and paste, diría ahora, ¿no? De notas, de pasar las notas, de articularlas, de pensar, de botar papeles a canasto, ¿no? Como hacían en la época de la máquina de escribir.
Hay un libro que se llama El Maestro Ignorante, yo lo introduje en mis cursos… uno aprende de todo. Los profesores te ponen la nota y ya está.
Trato de no entrar nunca al campo de consejeros, no entrar nunca a la confesión del cura tampoco. Hay que tratar de que incluyan, que vuelquen todo eso en su escritura.
—Paolo de Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú)
