La pregunta es ¿el componente sociológico del universo de individuos que practican la escritura en un ámbito universitario o bien en escenarios colaterales es un fenómeno mixto en el sentido de que hay una afectación eventual coyuntural y episódica de las situaciones de la vida misma en el propio campo y al mismo tiempo hay un desarrollo estrictamente del lenguaje mismo?
Quiero decir con esto que puede suceder que haya épocas que producen una escritura más contenidistas que otras porque las tensiones sociales y fenómenos de un mayor o menor trauma político o fenómenos de una mayor o menor permeabilidad social o de conectividad social o de direccionalidad social hacen que los modos escritoriales se vuelquen a ciertas escenas, por un lado, que podrían ser más herméticas, más autónomas o bien más cargadas de contenido. Yo no sé si en este momento puede ser diagnóstico.
Me daría la impresión que – y es una impresión un poco teñida de lo que yo veo en cómo escribe la gente ahí mismo – en muchos casos hay una inmediata, un acto reflejo de lo episódico que no llega a hacerse una narrativa, pero que sí es un reflejo fuerte de lo episódico, de lo coyuntural, incluyendo modos verbales, terminologías y retóricas orales muchas veces también de los medios… Entonces, creo que es una época menos de modelos en el sentido de modelos referenciales fuertes o magistrales o de fuerte resonancia poética, menos de modelos que de fenómenos discursivos que se van impregnando en el campo de trabajo.
Hay bastante más de autorreferencia, autobiografía, porque además en otros campos, no estrictamente de la escritura, pero en el campo por ahí visual, en mi experiencia con algunos artistas o algunos aspirantes que trabajan la fotografía, la cuestión del pasado familiar, el archivo familiar… La autorreferencia del yo, que al mismo tiempo es personaje y narrador en términos de la estructura visual y también del yo afectado, es más fuerte que la invención, vamos a decir. Me da la impresión de que la idea de la invención, del artificio, de la imaginación desconectada de cualquier anclaje más racional ha retrocedido, ha retrocedido.
Hay épocas en que la sociedad produce, de un modo u otro, un habla colectiva. Este es un momento de gran mutismo colectivo, en todo caso, de un habla atomizada, cristalizada y, uno diría, privada. No necesariamente la palabra “privada” es “privativa”, es decir, se ha privado de algunas hipótesis de enunciación que en otro momento hubieran sido más fértiles.
Por ejemplo, las políticas, directamente las políticas. Hay una especie de división de formulación, de discursos que pueden o no tener un continente literario, pero que de algún modo están ausentes. Entonces, había épocas en que esa capacidad de respuesta frente a determinadas situaciones se hacía literaria o no, pero había una construcción. Me parece que ahora, en aquellos campos donde se supone que podría producirse una articulación discursiva que dé respuesta a fenómenos más bien de oposición, opresión y desagregación, hay silencio más bien.
Ahora, eso no significa que, clandestinamente por decirlo de algún modo, no se esté produciendo una literatura o, en todo caso, de metafísica, de oclusión o de omisión, o de opresión. Ahora me da la impresión de que el músculo de la sociedad produce menos epígonos que sean puntas de lanza.
Se escriben muchas novelas, ha habido novelas sociales. Lo que sí se puede ver en el campo de la novelística publicada es que hay más sociología, por más elaborada que sea, mucho más documento, mucho más revisitación de traumas sociales.
Hay una mezcla de estrategia editorial que está incluida muchas veces inconscientemente o sin querer en las estrategias discursivas de cada artista, de cada escritor; o bien sucede que el espíritu de la época te propone un “yo” una experiencia singular, pero que tiene que estar emparentada con una revisión de tu contexto que ya no es el “yo” urbano y cerrado y oscuro de una subjetividad bloqueada a haber sido contagiada del trauma, del diseño que la contiene.
Es un poco como el cine. El cine argentino hoy, que tiene mucho reconocimiento, es un cine muy sociológico, extremadamente sociológico, mucho menos que el género, el género en el sentido de los géneros cinematográficos, ¿no? Retrocede frente a un gran, gran territorio genérico que es el testimonio, el documento ficcional, aún ficcional hay documentales también.
Cuando surge lo poético, en el sentido de algo más desvinculado de preocupaciones visibles, referenciales, y surge lo poético textual, en el sentido de textos más abstractos, por decirlo así, el riesgo siempre es la retórica, porque pareciera que hay que alimentar con experimentación más novedosa ese campo. Como el énfasis está puesto en el otro, es más fácil que se desarrollen enormes variantes de enorme diversidad y de diversos niveles de calidad en el otro campo, en el campo estrictamente poético.
—Eduardo Stupía, Universidad Tres de Febrero, Buenos Aires (Argentina)
