Cada persona tiene su método, su proceso, y eso es algo que también, cuando ya he dado los talleres de escritura, siempre he tratado como de dejar muy en claro, porque mucha gente entra a escritura creativa preguntando, pero dame tips de escritura, como si al ser un escritor, digamos así, profesional, tú pudieras darles tips infalibles o decálogos de cómo se debe escribir, de qué método debes implementar y qué es lo que debes hacer para tener una obra literaria publicada y, de paso, que sea exitosa, o sea, dentro de los muy variables rangos del éxito.
Pero les digo que no puede haber como un decálogo o algo estrictamente, así como un reglamento de que así debes escribir y este es el método que debes utilizar.
Yo lo que doy en la Universidad Andina es un taller anual que se llama “El jardín de los cuentos que se bifurcan”, que es de relato, en compañía con un colega que es Andrés Cadena. Lo que yo planteo primero y sobre todo es que para escribir se debe leer mucho, porque sí he notado, no aquí, pero he notado mucho una tendencia a volver este cliché de la inspiración o que a la escritura es algo que no pertenece a un oficio y creo que el oficio es el del lenguaje, el del trabajo del lenguaje. No puedes escribir si crees que estás inventando un lenguaje desde cero, si es que no tienes ecos, referencias, no a nivel de plagio, sino a nivel de inmersión en el tema del lenguaje.
Propongo un par de lecturas y socializamos estas lecturas después en el taller. ¿Qué les pareció? ¿Las leen durante el taller o antes?
Las leemos durante el taller, que son en general cortas, no es una lectura a largo plazo, sino que es una lectura corta que puedes hacer en una semana. Yo los textos que generalmente propongo son Escribir, de Marguerite Duras, El viaje inútil y El viaje inútil, de Camila Sosa Villada. ¿Por qué?
Porque en ambos textos, que son de narradoras que hacen ficción, en estos textos, en cambio, ellas cuentan cómo hacen para escribir, pero lo hacen no a manera de manual, sino de una manera muy poética, explicando el proceso y tal vez justificando cosas que en realidad son injustificables, como decir lo que dice Marguerite Duras, que ella creó su soledad en esa casa y que si no hubiera estado en esa casa quizás no podía escribir, pero en realidad sabes que es un poco como, podría haber sido esa casa como cualquiera, pero esta interiorización de la escritura por parte del autor me parece muy importante, también para quitarse miedos a la hora de escribir.
También de despejar ciertos tabúes o clichés a la hora de escribir, porque mucha gente cree, por ejemplo, que hay que escribir de grandes temas, de grandes gestas o de grandes personajes, cuando en realidad también existe una literatura muy válida de lo cotidiano, y que no existen los grandes temas y los pocos temas, o sea que tampoco hay nuevos temas, nadie va a escribir la gran novela, sino que la escritura es lo que es, un proceso, una interiorización, y empiezo siempre con este texto de Marguerite Duras, porque al final de este ella saca una conclusión que dice, uno escribe para ver morir a una mosca, y tenemos todo el derecho a ello, que es algo muy nimio, y que a su vez tiene como muchos ecos del gran tema que es la muerte, que es un tema del que yo creo que casi todos los escritores han escrito. Entonces, va por ahí esa primera parte de mostrar que no se necesitan ni grandes temas, sino la voluntad de la escritura.
El único tip válido, creo, es el de sentarse a escribir, o sea, hacerlo. Como tips prácticos que ya nos ha tocado dar, son siempre tener una libreta a la mano, anotarlo todo, no cerrarse a ninguna retroalimentación, a ningún estímulo, que sea cine, música, la misma literatura, y siempre el consejo es leer mucho. Porque, insisto, hay gente que se lanza a escribir solo porque quiere escribir, pero, por ejemplo, no hay un trabajo de lenguaje porque no leen.
Entonces, en eso coincidimos los dos, y es que no creemos que pueda haber escritura, ya como un oficio, sin lectura.
—Sandra Araya, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito (Ecuador)
