No siempre el gran escritor tiene plena conciencia de su proceso de creación. A veces, un escritor que no es tan maravilloso, tan vendido, tan best-seller, tiene una conciencia mucho más atenta de su propio proceso creativo. Me parece interesante, y entonces me pongo a pensar: quizás sea porque necesita pensar más para construir su obra. Por lo tanto, tiene una noción más consciente de su proceso. Así que, a veces, no hace falta ser un gran escritor para aportar ideas interesantísimas sobre el proceso de creación.
Mira, haciendo una comparación un poco imperfecta con el deporte: no siempre el gran atleta será un gran entrenador.
Y si te fijas, los grandes entrenadores de distintos deportes – no solo en el voleibol, que me encanta, sino también en el fútbol – no fueron grandes atletas. Y al revés. Pelé, por ejemplo, nunca quiso ser entrenador. El mismo discurso se puede aplicar a los profesores. A los profesores de escritura creativa. Un gran escritor no es necesariamente un buen docente.
Yo, por ejemplo, no tengo obra de ficción publicada, pero creo que soy una buena orientadora, una buena profesora. Me gusta mucho orientar y enseñar escritura creativa, y creo que lo que digo funciona. Es como esto: me encanta el vino, y sé diferenciar un vino malo de un vino bueno, pero no tengo una bodega.
Yo pruebo un vino bueno y pruebo uno malo y digo: este es bueno, este es malo. Pero no tengo una bodega. Me imagino cómo es el proceso de hacer vino porque he leído mucho y he visto mucho sobre eso, he visitado bodegas, pero no tengo una. Y aun así sé distinguir entre un buen vino y uno malo. Ese es el ejemplo que siempre doy cuando me preguntan: “¿Pero cómo puedes ser profesora de escritura creativa si no escribes literatura?” Mira, me encanta el vino y no tengo una bodega.
—Márcia Ivana de Lima e Silva, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre (Brasil)
(traducido del portugués)
