historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

para mí fue mi época más productiva, porque siempre he escrito en el trabajo; en cambio, allí sí pude dedicarme solo a la escritura

Yo estudié Comunicación Social. Periodismo.

Cuando terminé el periodismo me fui a Francia. Estuve tres años en París. Hice un diploma de segundo ciclo en el Instituto de Altos Estudios para América Latina y ahí hice el énfasis en literatura. Que era en realidad con lo que yo soñaba.

Más que con el periodismo. Debería estudiar periodismo porque no había otra opción más cerquita de la literatura. Y no quería estudiar filosofía y letras. Me parecía muy aburrido. Nunca me he sentido analista y estudioso literario. Quería escribir cuentos y novelas.

Entonces, hice allá el énfasis en literatura. Estuve tres años. Me regresé.

Estuve trabajando en periodismo trece años. Y curiosamente, en un territorio muy raro, en el periodismo económico. Escribía sobre porcentajes y empresas y dineros y todo eso.

Y lo que me encantó de ese trabajo fue que me tocó viajar mucho. Entonces, conocí muchas cosas. Conocí mejor este país que lo que creía conocerlo.

Y al exterior y todo. Pero, yo seguía escribiendo. Escribiendo en la clandestinidad hasta que terminé una novela.

La mandé a un concurso. La primera novela que publiqué. Y se ganó el concurso.

Y ese mismo año me gané un concurso nacional de cuentos. Entonces, yo dije, esto es una señal. Y, gracias a esos concursos, Isaías me llamó a ser su asistente en el taller de escritores.

Yo estaba ya en crisis con el periodismo. Ya no quería saber más de eso. Ya había tenido unas experiencias no muy afortunadas en los periódicos.

Entonces, dije, bueno, dejemos atrás eso. Le di un cambio en vida. Lo consulté con mi esposa.

Porque teníamos hijos pequeños y no era fácil tomar esas decisiones. Pero, además, el hecho de trabajar en la universidad me daba más estabilidad porque el periodismo era un oficio muy inestable. Cambiaba de trabajo cada dos años.

Entonces, se dieron todas las cosas y empecé a trabajar en la Universidad Central. Dejé atrás el periodismo. Y empecé a hacer esto.

Y estando en la universidad, la universidad tenía un programa de apoyo a la formación posgradual. Y yo ya tenía, varias personas me habían contado sobre la maestría de El Paso. Se abrió la posibilidad de estudiar en El Paso con el apoyo de la Universidad Central. Entonces, me fui para allá en el año 2009. Estuve entre el 2009 y el 2012.

Me fui con mi familia. Al entrar en la maestría, allá te dan un teaching assistantship. Entonces, eso es una gran ayuda. Más el salario de Colombia. Gracias a eso me pude ir con mi esposa y mis hijos, mis dos hijos. Fue una gran experiencia para ellos. De hecho, para todos fue una muy gran experiencia.

En una misma clase tú podías estar hablando cambiando de idioma: si alguien hablaba en español, el profesor cambiaba de idioma inmediatamente. Y eso era muy bueno, que está uno todo el tiempo teniendo que estar alerta. Cuando ¡pum! se genera el switch. Eso era lo que más me interesaba. No, eso para mí fue mi época más productiva, porque siempre he escrito en el trabajo; en cambio, allí sí pude dedicarme solo a la escritura.

Escribí esta novela, escribí otra novela, escribí teatro, hice hasta una novela gráfica. En el taller de poesía escribí poesía, hice de todo.

Eso fue un tiempo maravilloso. Y además tenía una rutina ideal. Tenía el gimnasio de la universidad a las dos cuadras de la casa.

Entonces madrugaba a la piscina, nadaba una hora, venía a desayunar y me sentaba a escribir. Y escribía por ahí hasta la una de la tarde, almorzábamos y me iba para la universidad, a las clases.

Tuve buenos profesores, otros no tan buenos. Otros profesores muy… que uno notaba que estaban cumpliendo apenas con lo básico pero que les faltaba meterle más juicio a las cosas.

Pero tuve unos profesores excelentes, de alta exigencia de lectura, de escritura. Había un profesor por ejemplo que nos tenía en un curso de psicoanálisis y literatura. Una semana leíamos ficción, la semana siguiente leíamos textos académicos. Cuando leíamos ficción teníamos que escribir un ejercicio de ficción. Cuando leíamos textos académicos teníamos que leer o escribir un pequeño ensayo o un pequeño texto reflexivo sobre el tema que fuera. Era una materia que te tenía dado el tiempo, leyendo y escribiendo, pero una exigencia alta. Esa materia a mí me encantó.

Había materia de taller, puro taller. Yo notaba que… bueno, eso pasa creo que en todas partes. Esos talleres dependían mucho de la personalidad del profesor. Había profesores muy alegres pero muy tranquilos, entonces dejaban que todo pasara sin comentarlo. O con una retroalimentación muy básica. Y había profesores muy rigurosos que hacían un ejercicio muy juicioso de acompañar el taller de los estudiantes.

—Óscar Godoy Barbosa, Universidad Central (Colombia)

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