En la actualidad, en la evolución de los estudios literarios, pero en general en el pensamiento crítico no se puede no preparar a las personas que estudian a los futuros magísteres dentro de los estudios de género.
O sea, estaría incompleta la formación si no se les da un acercamiento al feminismo, a los estudios de género y a todas las otras áreas de la teoría y crítica literaria que se derivan de allí: la teoría queer, el estudio de las masculinidades…
Es una asignatura que quiere mostrarles un panorama y brindarles herramientas para que ellos puedan hacer análisis de obras con perspectiva de género, pero que también sí, en cuanto a creación, que sus propias obras incluyan o por lo menos hagan una reflexión sobre los roles genéricos sexuales.
En los estudios de género, una de las perspectivas sería la interseccionalidad, por un lado, o los estudios del feminismo decolonial, en donde se contemplan las diferentes variables que conforman la identidad, incluido el género, pero por supuesto también la raza, la clase y otras características de la identidad.
Y entonces la clase se desarrolla en ese diálogo entre esos conceptos que se presenta el texto teórico o el crítico y el texto creativo que se ha propuesto para leer, generalmente de autoras latinoamericanas, porque es el corpus que yo manejo principalmente. Y ellos entonces tienen que realizar ejercicios de escritura, a veces académica, a veces creativa, digamos que partiendo de esas lecturas que están allí asignadas. Hay algo importante que tengo que aclarar y es que la clase no la dicto yo sola, sino que está otra profesora conmigo que se llama Mar Ortega.
Las dos veces que se ha ofrecido esa asignatura hasta ahora la hemos dictado juntas. Y ella ya maneja otras perspectivas mucho más contemporáneas como el post-porno, el activismo gordo, estudios sobre el melodrama. Ella incluye también otras perspectivas mucho más contemporáneas, diría yo.
Eso de compartir una asignatura hemos descubierto que es una metodología muy positiva para los estudiantes porque se enfrentan a diferentes perspectivas de un mismo tema. Hemos visto que dos es lo ideal. O sea, tres ya nos parece demasiado porque se vuelve muy fragmentario, pero entre dos personas puede haber como suficiente cohesión, pero también más variedad para los estudiantes.
—Mercedes Ortega González-Rubio, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)
