Ayer Ricardo Sumalavia dijo algo que me pareció muy gracioso. “Bueno, que lleven sus trabajos a la clínica y si están mal los mandamos a UCI”. UCI es cuidados intensivos. Esa es una metáfora, es una analogía, ¿no? Entendiendo la escritura como un quehacer, [algo] que está siempre en proceso, o sea, que no está terminado.
Una cosa es ver un texto como un proceso; otra cosa es ver un texto como algo que necesita ser reparado. Quizá yo haría la diferencia ahí en que, por esa razón, hemos necesitado buscar una nueva palabra que es “clínica”. Porque intuitivamente creo que nos dimos cuenta de que no era lo mismo. No es lo mismo llegar con un texto por hacer y que va a ir trabajándose, que llegar con un trabajo hecho.
Entonces nosotros, en esta maestría, para los estudiantes que están en el seminario creativo 4, hacemos una clínica, que es que contratamos a profesores de fuera – profesores, escritores que no conocen a los estudiantes – y los alumnos entregan lo que han avanzado y durante tres días trabajan sobre eso. A eso lo llamamos “clínica de obra”.
—Giovanna Pollarolo Giglio, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima
