Yo trato de seguir un camino de diferentes formas de la literatura. Desde una escritura poética, revisamos diferentes poemas. Por ejemplo, me interesa mucho jugar, pasar de las fuentes.
Entonces, cuando miramos las fuentes, la infancia, conecto mucho con la escritura de literatura infantil. La literatura infantil lleva también a esa forma de escritura que puede ser desde el sin razón, desde el sin sentido racional de entender las cosas. Entonces, las jitanjáforas, los palíndromos, los trabalenguas; jugamos mucho con eso y eso nos va sentando y llevando también a una perspectiva de la literatura desde el absurdo.
Eso es porque son también puro juego y que son también obsesiones mías: la patafísica, que es la ciencia de las soluciones imaginarias. Entonces, miramos juegos patafísicos, leemos fragmentos de la obra de Alfred Jarry. Miramos, por ejemplo, obras de teatro, que ellos pocas veces leen. Entonces, leemos La cantante calva, que es una obra de Ionesco del teatro del absurdo. Pero también, cuando entramos en el mundo onírico, como esas fuentes del onírico, leemos otra obra, que es O marinheiro de Pessoa, y también leemos formas de escritura onírica, por ejemplo, de Cortázar.
Pasamos de un lado a otro, viendo diferentes formas de diferentes géneros. Dentro de ese ángulo en lo contemplativo, que me interesa mucho, está la idea del haiku. Entonces, tomamos algunos poemas de Sendas de Oku, y así voy siguiendo el camino de diferentes textos que acompañan esta idea de las fuentes y cómo la literatura es una gran fuente de la que ellos pueden beber para crear.
—Lylyan Rojas Álvarez, Universidad Central, Bogotá (Colombia)
