Me gusta mucho la idea del taller del artista. Hay un poema de João Cabral de Melo Neto que se llama Catar Feijões (“Escoger frijoles”), y él dice que escoger frijoles se parece a escribir. Hace una comparación entre escribir y escoger frijoles.
Antiguamente, cuando comprabas un saco de frijoles, a veces venían piedritas dentro, o frijoles vacíos, estropeados, y entonces poníamos los frijoles sobre una mesa y separábamos los que no servían. En ese poema, él habla mucho de la cuestión de la forma y de la forja también. Así, cuando colocas el metal derretido en un molde, o cuando vas forjando el metal a golpes para hacer una cuchilla…
Ese aspecto manual de la escritura, ese enfrentamiento del artista con su materia, está muy presente en el taller. Y ahí es donde creo que vuelve la idea del taller del artista, del taller de un escultor. Tal vez lo compararía más con el taller de un escultor que con el de un pintor.
La figura del maestro de oficio me parece muy interesante, pero no es un maestro en el sentido tradicional… Es simplemente alguien que lleva más tiempo en el oficio. Me interesa mucho trabajar la escritura desde esa perspectiva. De hecho, me gusta mucho trabajar con dos textos, uno de Zadie Smith (“That Crafty Feeling”) y otro de Natalia Ginzburg, “Mi oficio es escribir”. La idea del taller me remite mucho al oficio, a la escritura como un oficio, a ese enfrentamiento con la materia.
“Corregir” es una palabra que detesto, cuando se trata de un proceso creativo o de escritura. Creo que nunca se trata de lo correcto o lo incorrecto. Creo que siempre se trata de trabajar el texto hasta llegar a una forma que tenga sentido para ti, recordando que la forma es el contenido. No es que solo importe la forma, sino que se trata de una forma con significado.
La figura del profesor, creo, se parece mucho a la del maestro de oficio por un lado, pero también a la del coordinador por otro. En mis talleres, por ejemplo, me gusta mucho que los alumnos hablen y yo voy coordinando ahí. Ya te dije que me encanta hacer preguntas. Soy un poco socrática en ese sentido. Incluso cuando quiero que entiendan algo, en lugar de decirlo directamente, hago preguntas para que lleguen por sí mismos a sus propias conclusiones.
Entonces, creo que está muy presente también esa figura del coordinador. Un profesor de taller cumple mucho ese papel de coordinación, y creo que es imposible que un profesor de taller no se coloque también como artista. Colocarse solo como profesor y no como artista… creo que no funciona. El aspecto del intercambio es muy importante. Así que, en cierto modo, un maestro de oficio, en cierto modo un coordinador de dinámicas de grupo, y en cierto modo también un igual.
Incluso, colocarse como artista y ver a sus alumnos también como artistas. No son alumnos en el sentido tradicional, son pares, son artistas.
—Carolina Zuppo Abed, Instituto Vera Cruz, São Paulo (Brasil)
(traducido del portugués)
