[La metáfora del taller] yo la utilizo tanto como una acepción occidental como una acepción oriental.
Es decir, en ambas lo que tienen común es la relación maestro- discípulo-discípula. Donde implica una relación, sí hay una jerarquía, pero también hay una afinidad, hay una cercanía. La idea de taller me gusta en lugar de curso, porque es una idea no para reparar algo, sino para aprender a crear algo, como los talleres de pintura.
Como un taller de pintura, no como un taller de mecánica, sino como un taller de pintura. Vamos a aprender a pintar, no a reparar la pintura. Entonces, es lo que yo prefiero, me trato de manejarlo de esa manera.
Y, claro, con respecto a oriental es esa idea, hasta budista donde no todo se concentra en la palabra. Es decir, quizá tiene que ver un poco con mi estética. También yo les digo que yo no quiero que en el taller aprendan a escribir como yo. O sea, sería terrible que yo les quiera enseñar a escribir como yo escribo.
Yo no les leo mis textos, pero sí les puedo hablar de mi experiencia. Para que ellos vayan construyendo su propia experiencia y vayan entendiendo su propia experiencia. Para luego llevarlo a la escritura. Pero yo parto diciéndoles, por ejemplo, que para mí el lenguaje es maravillosamente imperfecto. Ese es mi principio de maestro, digamos. Partiendo que el lenguaje es imperfecto. Hermosamente imperfecto.
Porque si el lenguaje fuera perfecto, la comunicación sería perfecta. No necesitaríamos libros ni cuentos porque la frase sería perfecta. Porque lograríamos expresar y comunicar todo con las palabras exactas.
No existe la palabra exacta. No existe un sentido exacto. Y como no la existe, justamente esa imperfección nos lleva a la necesidad de buscar alternativas. De buscar otros caminos. Y ahí está la parte creativa. Ahí entra la creación. O sea, la creación surge de la imperfección del lenguaje. Así es como trato de transmitir, digamos, el principio de mi taller. Con el mismo concepto de los talleres de pintura.
Si uno va a un taller de un pintor, aprende de una manera. Si va a otro pintor, aprenderá de otra manera. Cada uno desarrollará su estilo personal, pero la técnica, el método, no es el mismo. Entonces, en mi método partimos de ese principio. De que la escritura, que la parte creativa surge de la imperfección. Y que lo que nosotros hacemos es domesticar la imperfección. Y potenciar esa imperfección, transformarla en algo creativo, en algo hermoso. Lo cual, como te das cuenta, es muy oriental. Muy, muy oriental.
—Ricardo Sumalavia, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima
