historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

solamente así, en una dinámica de taller, es que ellos han encontrado su propia voz

La metáfora del taller, sí, es preciosa. Yo creo que eso me recuerda mucho al maestro Roberto Burgos. Yo aprendí mucho de Roberto, él era un hombre muy sabio y a él le gustaba mucho la expresión “cajón de sastre”, “cajón de zapatero”. Para él, la escritura era un oficio, un oficio que inevitablemente conllevaba un taller. La participación en un taller, para mí, es una forma maravillosa de crear y me doy cuenta nada más con mis estudiantes de obra.

Los cuatro estudiantes que tengo, por ejemplo, en este momento, son maravillosos y yo siento que han llegado hasta el punto en que han llegado, de tener unas muy buenas obras consolidadas, porque nos hemos sentado los cinco en un espacio de taller, cual zapatero o relojero. (Relojero usaba mucho el maestro, el relojero. Le encantaba a él esa expresión.)

Entonces, lo que yo procuro hacer, como este es un taller, si somos cinco, cada uno tiene una copia. Ellos imprimen cinco copias del avance que hicieron, que es un desperdicio de papel, pero yo siembro muchos árboles y los llevo a ellos para que siembren árboles también. Y bueno, además reciclamos papel que tenemos acá, hacemos papel en el Makerspace. Pero a lo que voy es que nos sentamos con lápices de colores, tijeras, cortar, despegar, como en el oficio de la relojería. No, esto acá no funciona, miren el título de esto. No, quitemos esta página de aquí y la pasamos para acá. ¿Qué tal? ¿Qué opinan? No, pongamos todo acá y lo miramos desde arriba, nos paramos desde la silla. Y así, solamente así, en una dinámica de taller, es que ellos han encontrado su propia voz. O sea, la voz propia ha sido producto de una indagación colectiva.

Y yo entiendo que el oficio de la escritura es un oficio sumamente solitario, y eso es verdad, es cierto, es el oficio más solitario que existe porque uno escribe uno solo, a menos que sea un cadáver exquisito o algo así, ¿no? Pero uno escribe uno solo. Pero toda esa armazón que hay detrás de la escritura, toda esa poética que hay detrás de una obra, se robustece mucho, mucho, mucho en el espacio del taller, a partir de la colectividad, de la comprensión de los otros, de cómo me están viendo los otros, de cómo me están leyendo los otros… eso para mí es fundamental.

—Alejandra Flórez, Universidad Central, Bogotá (Colombia)

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