En un taller tenemos herramientas y en un taller mecánico podemos tener una llave inglesa o un martillo. Intentar apretar una tuerca con un martillo es imposible, o intentar clavar un clavo con una llave inglesa… bueno, con un poco de maña se podría hacer, pero quizás no sería lo más adecuado. Creo que tendríamos que pensar un poco en qué es un taller. Muchas veces asociamos el taller de escritura creativa con algo muy… bueno, muy de dar un paso atrás como docente. Tampoco sé si es dar un paso atrás, porque luego me he encontrado que en los talleres de escritura hay personas con un grandísimo ego, en donde al final acaban imponiendo una solución técnica o el uso de una herramienta.
Entonces, creo que la universidad como espacio puede incluir talleres, pero la universidad no es un taller. El taller tiene sentido. De hecho, a mí me gusta mucho ir, frecuentar talleres como estudiante. Yo me inscribo a talleres y me parece un lujo realmente que María Fernanda Ampuero te dé un taller de literatura fantástica o de literatura de terror. O incluso en otros medios, yo he hecho talleres estupendos con Abbas Kiarostami, que ya falleció, un cineasta iraní, y obviamente tener a Abbas Kiarostami una semana para ti es un lujo, un lujo tremendo, porque puedes conversar o ir hacia lugares que tú quieras.
Pero eso es una cosa, es hasta cierto punto un capricho que tú te das para profundizar en una técnica o para conocer una disciplina que no conoces.
—Manuel Broullón-Lozano, Universidad Complutense de Madrid (España)
