El taller es una experiencia donde estamos mirando los textos con lupa. Es como agrandar todos los procesos, verlos, es de altísima conciencia.
Después cada cual seguirá escribiendo a su manera y encontrará técnicas, pero ahí estamos haciendo una observación como si le pusiéramos un zoom así grandísimo a cada texto. Y por eso podemos estudiar tantas cosas de lo que cada cual está logrando frente a un texto. Y cosas muy diversas.
Desde cuáles son las posturas políticas últimas de un texto como también cómo manejar los tiempos verbales. Eso va desde lo más gramatical, el uso de la coma, pero también otro montón de cosas ya más filosóficas y más de pensarse la complejidad de los personajes, del mundo, de las relaciones que hay, de qué es lo que se transforma, del lector como una pieza que está ahí jugando.
Fuera de ser un lugar de altísima conciencia, es un lugar donde al final termina habiendo mucha libertad porque cada cual va descubriendo cuál es su forma para ese texto. Cada texto a uno lo cambia, pero para ese texto van descubriendo esa forma. Y creo que la van descubriendo en el camino hasta que tienen un primer borrador, que es cuando uno realmente descubre: “Ah, esto es lo que yo iba a ser capaz de hacer o lo que yo iba a hacer”.
—Alejandra Jaramillo, Universidad Nacional, Bogotá (Colombia)
