[El taller es más] como un laboratorio de experimentación, entendido laboratorio como un lugar en el que se viene a experimentar. Entonces, la producción individual la hacen ellos en sus casas, en el parque, donde quiera que escriban. Pero finalmente la configuración de ese armazón que está detrás de esa escritura se hace en colectivo y con una experimentación. Por eso, el tema del laboratorio, digamos que un poco en la cuestión del taller, funciona más en el Semillero por el tema de las herramientas, de que hay muchas herramientas de las que echamos mano.
Y en el laboratorio, todos estamos al mismo nivel, incluso la docente. O sea, yo jamás me consigo como en una parte de los estudiantes, sino que es una cuestión completamente dialógica todo el tiempo. Pero en el taller siempre hay alguien que sabe un poquito más, y que es el que va a dar las instrucciones. Entonces, todos los que estamos acá queremos encuadernar este libro, pero Jennifer acabó de aprender costura japonesa, entonces ella nos va a dar las instrucciones. Entonces, en esa medida, el semillero de prácticas artísticas y editoriales funciona más como taller. Pero ya en el tema, el Laboratorio de lenguaje se llama “laboratorio de lenguaje”, por el tema de la experimentación a partir de la palabra.
—Alejandra Flórez, Universidad Central, Bogotá (Colombia)
