Hay un ejercicio que yo propongo, que me inventé para el laboratorio cuando estábamos viendo literatura epistolar, el tema de la literatura epistolar. Hay un libro de Mario Vargas Llosa que se llama Los cuadernos de Don Rigoberto. Y Don Rigoberto es un erudito amante de las artes que escribe cartas que nunca va a mandar. Y la mayoría de sus cartas es quejándose con una selección del lenguaje tan exquisita, porque es un tipo súper culto. Tiene una cantidad de palabras. Siempre lo hacemos con un diccionario a la mano porque utiliza unas palabras rimbombantes, y se queja e insulta sin utilizar palabras. No sé, escribe una carta a la revista Playboy por ser unos pornógrafos asquerosos y así como ese tipo de cosas.
Entonces, yo me inventé que ellos escribieran una carta de reclamo a lo que más les molestaba de vivir acá en Bogotá. Yo les decía: “¿Qué es lo que más odian ustedes en la vida? Y fíjense en el lenguaje que utiliza Don Rigoberto y traten de escribir una carta en la que boten toda su ira, todo su odio, todo su dolor de vivir acá. Y es una carta también venganza, es una carta bomba, que nunca van a mandar como hizo Don Rigoberto, pero que va a servir de catarsis para ustedes”.
Y sale Transmilenio. Transmilenio es el primero. Sale Claro. Claro es la empresa de telecomunicaciones más importante de acá. El odio a Claro es casi que es un odio homicida.
Hay uno buenísimo: muchas partes del centro de Bogotá están adoquinadas con adoquines y se roban la plata y no echan el suficiente cemento y el adoquín se mueve y bota charcos. Muchos escriben a los adoquines, ellos les dicen “bombas quebrapatas” o “quebraminas”.
Bueno, al presidente, a Álvaro Uribe, muchas salen: “asesinos”, “parasita”, ese tipo de cosas.
Así enfocado en Bogotá: el ruido insoportable, lo lejos que queda todo. Es el servicio de salud, el odio a la EPS, sacar una cita acá es una odisea. Entonces, ese tipo de cosas salen a relucir y salen cartas buenísimas. Mucho de infraestructura. Y estás, no sé, con el periodo o tienes ganas de hacer chichi en la calle y no hay a dónde orinar. Sí, otro, el hecho de que cobren el agua.
Cartas a los acosadores sexuales, los que dicen piropos, los que mandan la mano. Eso sucede mucho acá, lamentablemente. Entonces, las niñas tienen que cuidarse mucho en el bus, eso surge constantemente.
—Alejandra Flórez, Universidad Central, Bogotá (Colombia)
