historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

su acercamiento a la escritura está cada vez más en reflejar esas realidades que han vivido en su vida, con sus familias

Este es un contexto en el que los pelados están inquietos por su país, están inquietos por preguntarse por la ciudad, por asuntos sociales que atraviesan este mundo: por temas de feminismo, por temas de derechos humanos, por la diversidad, por los movimientos sociales. Esas preguntas están latiendo en ellos. Lo que pasa es que están en una universidad privada que no tiene los espacios legítimos para ello.

Los espacios para las plenarias y la incidencia de un consejo estudiantil en las decisiones y en los consejos superiores de la universidad… eso no pasa aquí. Eso me genera incomodidad, no porque no crea que haya un movimiento estudiantil de ese tipo, sino porque esos son espacios para el pensamiento y el trabajo autónomo también de los estudiantes.

Los chicos empiezan a encontrar espacios para apropiarse de sus propios escenarios y se apropian desde la discusión, desde el pensamiento, desde la acción, la acción artística, desde el activismo. Pero, al ser este un espacio privado, no se da, no funciona. De hecho, la apropiación institucional por parte de los chicos no es tan fuerte. No siento yo que los chicos habiten completamente el espacio universitario como lo podría habitar un estudiante de una universidad pública.

Los chicos cada vez están despertando mucho más hacia la apropiación de sus formas particulares de crear en relación con su propia cultura y su propia tradición. Es decir, hay menos, bueno esto puede ser muy generalizante, pero menos esa idea del escritor que quiere ser igual a Walt Whitman y quiere escribir como Walt Whitman. Cada vez hay más una pregunta por “¿cómo escribo yo que soy de Soacha?”, “¿yo que crecí en Suba?”, “¿yo que toda mi vida viví en Kennedy?” Porque son estudiantes que son del sector popular, no son de una clase alta. Claro, desafortunadamente, tenemos la estructura de clases en este país, entonces no son, por ejemplo, chicos desprotegidos y sin recursos. Pero sí son chicos del común, de cómo hemos crecido todos.

Entonces, su acercamiento a la escritura está cada vez más en reflejar esas realidades que han vivido en su vida, con sus familias. De hecho, hay chicos que vienen de otros territorios, de otras ciudades. Hace poco estuve revisando una tesis de una chica que quería poner ahí todo lo que fue su infancia en Valledupar.

Cada vez son más conscientes y creo que, por ejemplo, escritoras como Chimamanda les han ayudado a entender que tenemos que romper un poco esa idea de la historia única, de la forma única, de la imitación de los patrones externos y buscar más en las formas propias.

Siento que hay mucho de eso en los chicos de la escuela, como una pregunta por ellos mismos, por sus propias vidas, cómo han vivido, por ejemplo, la violencia desde sus propias subjetividades, con sus propios lenguajes y con su propia manera de entender.

—Lylyan Rojas Álvarez, Universidad Central, Bogotá (Colombia)

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