Yo creo que hay un pro en enseñar a distancia, pero creo que él no es el más relevante: el ahorro de tiempo en una ciudad como Lima en la cual el tráfico es tan pesado y básicamente ese creo que es el único.
En mi experiencia de dictar a distancia que fue durante la pandemia y no había más opciones que hacerlo, funcionó bien. Funcionó bien porque la gente participaba, prendía sus cámaras y era un grupo pequeño. Pequeño y participativo y además nos daba la oportunidad de todos conocer mucho el trabajo o la crónica que estaba escribiendo el otro. Entonces mantenernos al tanto de los avances y siempre darnos espacio para hablar de las dificultades de la escritura también. Entonces se armó una buena dinámica de clase.
Ahora lo que sí me pasa a veces es que hay personas que se involucran más cuando están en una dinámica presencial.
De pronto un estudiante que no ha aprendido la cámara en todo el semestre o que no ha participado muy poco o da la impresión de que no ha hecho la lectura, cuando está en presencial tiene otro lenguaje corporal que te permite ver que sí está involucrado en el curso. Además creo que hay un espacio como más dinámico porque en lo virtual uno tiene que levantar la mano, prender su micro, todo el resto está callado. O sea, como que no se fomenta tanto el diálogo. No hay interrupciones, no hay tantas risas. La dinámica es un poco más llevadera en lo presencial.
Lo que sí me parece más difícil en mi caso es que los cursos a veces son híbridos. En esos casos la atención del docente tiene que estar un poco dividida. Porque tienes que estar pendiente de que de pronto alguien escribe en el chat. Si estás conversando en la clase y de pronto ves que alguien ha escrito por el chat e interrumpes, y el mensaje del chat es “tengo que irme temprano, muchas gracias”, te corta. Esa atención dividida sí me parece más retadora.
—Rosario Yori de Vivanco, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima
