Cuando teníamos la presencialidad, los histrionismos salían a flote. Había autores que se sentían heridos cuando hablan de su texto y ponían caras, decían gestos. Entonces yo les decía: “Pero no, no tienen que poner cara de fastidio, ellos lo dicen con la mejor intención”.
Ahora es más ordenado también en el sentido de que no se presta a interrupciones. Porque muchas veces estábamos acá en clase y se interrumpían entre ellos los alumnos.
Entonces ahora como que se han civilizado y dejan que termine de hablar uno para hablar el otro. Como profesor se me ha hecho más sencillo, porque el trabajo de la escritura y de la corrección o revisión de textos es solitario y es de reclusión.
—Carlos Arámbulo, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú)
