Yo soy de Medellín, que es otra región, otra cultura. Pero pues de algún modo tengo parte de acá porque he vivido 20 años acá y 20 años en Medellín, entre idas y venidas. Entonces, ¿de dónde es uno? Pues es también una pregunta que aparentemente es fácil, pero en la realidad no tanto.
Pero sí creo que una de las preocupaciones iniciales cuando estábamos formulando el programa, cómo iba a ser, qué iba a tener, el componente de la ubicación era esencial. Y porque también, empezando, por ejemplo, por cosas como el interés de Josef en las escrituras marginales y que siempre ha existido esta idea de la costa como periferia, el centro que es la capital que es Bogotá. Allá es donde se produce saber y literatura, en los demás lugares pues no tanto. A pesar de que hay una fama, una reputación en la creación, en la historia creativa del Caribe, con personajes que ya se conocen muchísimo como García Márquez, Marvel Moreno, Cepeda Samudio, como son nombres importantes.
Y sin embargo, eso no era lo esencial, que era la preocupación, que era cómo hacemos escrituras creativas desde el Caribe. Entonces, creo que se pensó más que la ciudad sola, más como parte del Caribe como región. Entonces, eso fue importante para que estuviera como presente en… bueno, primero porque era un interés de las personas que estábamos creando el programa. Los grupos todos tenían como un interés en hablar desde el Caribe, sin volverla estudios del Caribe. Sí queríamos era que se dijera desde acá. Me acuerdo de una frase que decía García Márquez, para estudiar a García Márquez hay que ir a Yerba Buena, que es la sede del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá. Entonces, no tiene sentido. Es como para estudiar oceanografía tengo que ir a Bogotá, que no tiene mar.
Entonces, si hay una preocupación y más que una preocupación, una conciencia, como que estamos haciendo literaturas del Caribe.
El camino del escritor, una gran parte de ese camino es reconocerse o tomar la decisión de estar en el mundo de la creación. No es una decisión fácil. Yo puedo escribir algo creativo y no considerarme escritor. Entonces, ese descubrimiento también tiene que pasar por desde dónde o dónde estás tomando esa decisión. Porque una cosa es te vas a Iowa y coges el programa en español y quedas validado por un programa en otro país, pero ¿qué sentido tiene si aquí está ese programa?
Hay ciertos estigmas respecto al Caribe que no son tan positivos. Hay una historia como un poco a veces de pronto ignorada. Entonces, hay un sentido como de reivindicación. Es distinto hacer literatura del Caribe y no de personas que llegan al Caribe a hacer literatura supuestamente del Caribe, con una visión un poco más… parecería como más esperada, como lo esperado del Caribe, que sea colorido. Pero no esperas ficción gótica en el Caribe, que la hay.
De pronto, en contraposición a veces las formas un poco más delimitadas que sirven a otros fines, como sirven para armar una feria en Bogotá y decidir: “Este es el pabellón Caribe.” Claro que lo es, pues ¿quién no va a decir que el Caribe es García Márquez o el realismo mágico? Sería como tapar el sol con las manos, pero no es eso solo.
Entonces, creo que ahí también hay como una responsabilidad de no perpetuar esa idea limitada o esperable del Caribe. Y la responsabilidad nuestra en esta maestría es que los estudiantes que pasen por ella tengan una perspectiva más amplia en caso de que no la traigan. Porque muchas veces simplemente la traen, vienen con unos proyectos súper inesperados.
—Sergio Álvarez Uribe, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)
