Siempre trato de equilibrar desde clásicos a contemporáneos. Ahora, por ejemplo, como yo enseño también literatura coreana, literaturas asiáticas, me gusta colocar un cuento japonés, un cuento coreano, que normalmente no leerían en ningún otro taller. Un cuento coreano, de hecho, no lo van a leer en ningún otro taller, pero como es una narrativa que yo conozco bien, pues se lo voy dando y les sorprende, les gusta ver otro tipo de escrituras.
Los textos asiáticos que más se leen aquí son los que tienen esa influencia también occidental. Hay literatura asiática muy occidentalizada. Murakami es el más occidental de los japoneses. Que es muy bueno, es maravilloso. Está perfecto para nosotros.
Pero si leen otros más clásicos japoneses o chinos o coreanos ahí es donde… Por ejemplo, le tengo aquí diciendo un cuento zen. Pero esos cuentos zen no funcionarían aquí. Escribir un cuento zen no tendría mucho sentido. Para un peruano, son historias donde no hay un conflicto narrativo marcado, donde no hay un desenlace evidente, entonces eso no encajaría. A mí me encantan.
En el caso peruano no se cuestiona la diferencia quizás de otros países porque nosotros somos un país bastante híbrido. Realmente tenemos una tradición oriental también una migración china de 175 años y de japonesa de 125 años. Entonces, lo oriental está más presente en el Perú de lo que un peruano podría suponer.
—Ricardo Sumalavia, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima
