Siento que hay que leer lo propio. Un escritor que se está formando necesita ver que sus iguales han hecho un trabajo parecido al que él o ella quiere lograr. O sea, necesita esa confianza de decir: “Bueno, ella pudo, yo porque no, claro que sí”.
El ejemplo más obvio es Gabriel García Márquez. Este es un señor que se crió por allá en Sucre, Sucre. Es un pueblo donde no se llega ni por carretera, solamente se llega por río. Un lugar donde si tú esperas que salga una persona famosísima, pues no te imaginas que ella va a salir de ahí. Pero resulta que salió de ahí. Y estudió con los mismos profesores que los compañeros que estaban ahí. Los mismos cuentos y de hecho su literatura está completamente nutrida de esa riqueza cultural.
Siento una profunda afinidad, por ejemplo, con los argentinos y con los chilenos, pero siento que los argentinos y los chilenos, sobre todo los argentinos, son los latinoamericanos de estrato seis. O sea, básicamente son los blancos latinoamericanos. Y en ese sentido ellos mismos se vincularon más explícitamente y más obviamente con la tradición europea, tratando de pertenecer a esa tradición.
Nosotros tuvimos que definirnos más desde la diferencia. Desde la diferencia de lo que era absolutamente obviamente una diferencia, es decir, si tú vas a Buenos Aires te puedes sentir un poquito en Europa. En cambio, si vas a Barranquilla, en el Carnaval de Barranquilla, no se te ocurriría eso.
Hay una gran diferencia. Ahora, de todos modos, yo soy un personaje especial porque soy cachaco. Eso quiere decir que soy bogotano, del interior del país.
Y hay una gran pelea entre cachacos y costeños. Bogotá es una ciudad hostil, fría – le dicen “la nevera” – es una ciudad muy grande, insegura, es una ciudad también que da cierta sensación, como que rechaza a los costeños.
La diferencia entre el colombiano del interior del país y el colombiano de la costa, del Caribe, es fuerte, es marcada y la sienten los dos grupos regionales, y se siente en la tradición literaria. García Márquez, Marvel Moreno, Zapata Olivella, incluso Germán Espinosa, son escritores costeños. Y los escritores cachacos son Eduardo Caballero Calderón – bueno, estoy hablando sobre todo de comienzos del siglo XX donde la cosa era muy marcada –, Hernando Telles, Mario Mendoza Zambrano, José Eustasio Rivera, José Asunción Silva de Bogotá.
La sensibilidad del Caribe es asociada a lo exuberante, al calor, a la sexualidad muy explícita, al cuerpo muy explícito, a una preeminencia también del misterio y de la alegría; mientras que la sensibilidad cachaca está asociada al páramo, a la frialdad, a la reflexividad, pero una reflexividad un poco atormentada, una reflexividad con problemas estomacales, digamos, con mala digestión.
Aquí hay literatura racial muy importante, muy decisiva, en el Caribe.
—Guillermo Serrano López, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)
