historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

Es una literatura con un corte pedagógico de incomodar, no es complaciente

Hay un tipo de la literatura escrita desde una dimensión ética, con una posición política, pero sin llegar a ser panfletaria, sin hacer un discurso ideológico, pero con unas posiciones que terminan denunciando.

Me ha gustado mucho esta literatura latinoamericana que ve el horror no como algo exterior a la realidad, sino como algo que está en la cotidianidad y particularmente en la familia. Es una forma de cuestionar las estructuras hegemónicas que también han estado en la literatura. Eso lo comparte esta literatura que se está escribiendo en este último tiempo. Supongo que los hombres también lo hacen, pero me he enfocado más en la escrita por mujeres. Es como desmantelar un poco las estructuras de poder a través de los artefactos estéticos. No hay miedo en mostrar posiciones políticas o éticas, más bien que políticas. Es una literatura con un corte pedagógico de incomodar, no es complaciente.

Surge en la periferia, pero cuando en esa periferia hay cierta legitimidad o en estas editoriales independientes o en los sectores culturales que circulan de manera independiente, de un modo u otro, lo hegemónico termina por absorberlas o por hacerlas parte de esos circuitos, lo que no veo mal.

Estoy muy cercano a las mexicanas, uruguayas, argentinas, colombianas, de Centroamérica no tanto, pero más por ignorancia que por un criterio, más por desconocimiento.

Creo que lo que mencionas con la elaboración del lenguaje hay en todas unas preocupaciones por complejizar la condición humana y, sobre todo, por darle un lugar complejo y participativo a las mujeres o a los personajes que se salen del tradicional rol de género. Creo que hay una preocupación por lo maravilloso, como lo real como una expresión de lo maravilloso en términos de lo rural, como sucede con Mónica Ojeda, pero también en lo urbano, como puede suceder con María Fernanda Ampuero.

Hay una concentración en eso, en estas tensiones que hay en las sociedades latinoamericanas entre el mundo rural, el mundo urbano, en una lectura de la sociedad con un enfoque no solo de género, sino de clase social, una lectura social a través de la ficción.

Creo que eso lo ha hecho la literatura desde siempre, pero este caso es bien particular. Uno, porque son mujeres del sur global, y están haciendo cuestionamientos importantes, a las estructuras hegemónicas de poder quizá, pero siempre desde la elaboración del lenguaje, que es lo que más me llama la atención. Hay una posición crítica, ética, pero la dimensión estética es fundamental, no se pierde esa profundidad, ni se sacrifica por lo ideológico o lo político, pero existe, está ahí. Se desmantela un poco esa idea de la escritura objetiva, o de la escritura que no tiene pretensión, de la escritura que solo quiere entretener. Hay un compromiso con la escritura de un modo u otro.

No ha sido un tema de estudio mío, pero es una percepción que tengo, que estas autoras quieren generar, no un lenguaje neutro, por supuesto, pero sí una búsqueda de la identidad, desde lo femenino, desde lo marginal, y desde lo latinoamericano.

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