Yo me siento muy cómoda. No hay nada que diga, “no, esto acá no se puede tratar”. Incluso hice algo muy osado. Puse en [el programa] la novela que había publicado Roberto, que es algo que él nunca podría haber hecho: hablar de su propia novela en ese ámbito crítico porque está muy contaminado y porque los alumnos dirían, “ay, profesor, no puedo”. Entonces, generé un espacio de mucha libertad. Esa clase no se pudo grabar. Yo les dije: “Miren, lo que se va a hablar acá quedará acá”.
Y los alumnos se sintieron muy cómodos y nos reímos mucho… Roberto tiene una predilección en la voz narrativa. Él siempre en los talleres va a observar, a buscar problemas en el narrador. Entonces, a los alumnos les divirtió buscar problemas en la voz narrativa y nos reímos de eso y, al mismo tiempo, hicieron análisis muy buenos.
Me parece un buen ejemplo de un ambiente que a mí me parece saludable.
Igualmente, mi libro, otros profesores lo usan, pero yo no puedo usarlo. Pero nos gusta también traer lo que hacemos, pero nunca de una forma impositiva para que los alumnos no se sientan incomodados. Me parece un buen ejemplo y ellos dan mucha autonomía.
—Gabriela Aguerre, Instituto Vera Cruz, São Paulo (Brasil)
