Un ejercicio que hago, a veces, y siempre en la primera clase del semestre, es traerles poemas en otras lenguas, generalmente inglés, y les pido que los traduzcan. Porque yo, para entrar en calor cuando quiero escribir, y estoy como inapetente de escritura, o inerte, o lento, o no sale nada, traduzco. Traduzco para mí, no para nadie. Para crear una disciplina. Para escribir es fundamental, la disciplina.
Traduzco algún poema que me guste, y ahí como que el brazo, la mano se calienta.
Traducir ayuda un poco a hacer ciertas consideraciones, a respetar el “traduttore, traditore”. De algún modo, para mí la escritura está muy vinculada a la tradición, pero es un prejuicio mío… hay gente que es ingenio y escribe y punto, pero para mí es importante conocer algo de la tradición.
—Manolo Núñez Negrón, Universidad del Sagrado Corazón, San Juan (Puerto Rico)
