Cada escritor al final tiene su propio método, y tú no puedes pretender que tu método le funcione a todo el mundo. Tú no puedes imponer, si te preguntan cómo lo haces tú, pues tú lo explicas, pero cada uno tiene que llevar a su propio método.
[A la vez de encontrar aspectos para mejorar], son cosas que son muy intuitivas, cada texto tiene su lectura distinta. Es difícil generalizar, pero, por ejemplo, un texto que no transmite ninguna emoción, pues yo diría, mira, aquí tienes que trabajar de alguna manera. Un texto que no tiene tensión, también hay que trabajarlo; un texto que no tiene conflicto, que los hay muchos y la gente no sabe, no entiende. Incluso hay textos que no tienen personaje. O cuando el estilo está supercargado de adjetivos, adverbios, gerundios. Cuando vemos que la acción no avanza, que el personaje no se transforma de alguna manera… son cosas muy básicas que están en todos estos manuales y que realmente están porque son importantes.
—Cristina Sánchez-Andrade, Universidad Complutense de Madrid (España)
