El segundo criterio que sigo tiene que ver con la calidad literaria. Creo que no todo texto vale o que no todos los textos son iguales. Por ejemplo, en no ficción, sobre todo en esta facultad de ciencias de la información, estaría la tentación de abrir el periódico de la mañana y decir: “La primera entrevista que vea, esa pongo en clase”. Eso podría tener sentido si quisiéramos hacer una crítica estilística, por ejemplo, pero yo me preguntaría: al final, los estudiantes son como esponjas; lo que tú les des, lo van a absorber. Les vas a dar, no sé, ¿un perrito caliente o un cocido madrileño? Probablemente el cocido madrileño es mucho más alimenticio. Entonces, yo voy a buscar siempre ese plato que pienso que pueda ser más digestivo, que pueda enriquecer, que pueda ofrecer más vitaminas a los estudiantes. Ahí sí hay un segundo paso que tiene que ver con eso, con la calidad literaria.
—Manuel Broullón-Lozano, Universidad Complutense de Madrid (España)
