Yo, por ejemplo, soy cero la maestra que enseña.
Yo no tengo nada que enseñar, yo provoco. Entonces hay más bien, aunque no siempre pueda garantizarlo, una cierta horizontalidad en la práctica. yo no tengo un saber que les puedo transmitir a ellos y que ellos puedan aprender. Yo puedo provocar a partir de unos gestos que pueden ser lecturas o ejercicios varios que ellos escriban… pero no sabría decirte.
Yo lo que digo precisamente es que no lo transmito, sino que abro el espacio para que algo ocurra. Puede no ocurrir. Entonces yo también soy sujeta al fracaso de mis clases. Y que eso está ahí en la escritura también. Bueno, ¿y funcionó el taller o no? No, fue un desastre.
—Daniela Pabón, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)
