Mi trato no es vertical. Mi trato es directo. No dejo que me falten el respeto, no llevo a que la relación con el alumno sea muy amical… Al punto de que ese tipo de relación amical pueda afectar el normal desenvolvimiento del taller. Como, por ejemplo, que un alumno abuse de mí mandándome textos para que los lea o que quiera captar toda mi atención.
Ya tienes que poner ahí un freno, hay gente que quiere que leas su novela o que ven en ti un padre, eso pasa también.
Y están como muy apegados, desarrollan un apego, entonces eso también lo tengo que frenar. Sobre todo, porque cuando uno está en un taller cuenta cosas personales, entonces cuando empiezas a leer un poco te vas dando cuenta de cómo es la persona y a veces ven en ti como una especie de soporte, de confesor.
Entonces eso también lo trato de evitar. Pero sí soy amigable. Cordial, respetuoso, puedo hacer bromas, nunca ofensivas, nunca de género, ni de orientación sexual.
Les doy absoluta confianza para que quieran contar la historia que ellos quieran.
—Jorge Valenzuela Garcés, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú)
