historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

A mí todo eso me mosqueaba, me mosqueaba ver que el modo de vida norteamericano se estaba implantando aquí

Yo es que me he especializado en literatura norteamericana. El asunto es que yo viví en Estados Unidos, estudié en Estados Unidos un máster de Dirección de Orquesta. Te estoy hablando en el año 90, 89 al 92. Entonces, claro, esa vivencia en Estados Unidos me ha afectado un poco en todo esto también.

Cuando llegué aquí a Sevilla empecé a ver que se estaba construyendo con mucha ilusión colectiva un centro comercial. Era el primer centro comercial que se hacía en Sevilla. Y todo el mundo en Sevilla decía: “Se está creando un sitio muy grande donde hay muchas tiendas y hay cines y todo está en un mismo sitio a la vez”. Y, claro, todo el mundo se sorprendía y decían, decían una cosa muy de pueblo, decían: “Parece que imita a un centro que hay en Madrid que se llama La Vaguada”.

Yo me reía de todo eso. ¿Por qué? Porque yo había vivido en Estados Unidos y en Estados Unidos el mall, el centro comercial con cine, con espacios gigantescos, con feria con juegos para niños, con no sé qué tal. Eso para nosotros era nuestra vida normal. Nosotros en Estados Unidos quedábamos en el centro comercial directamente los fines de semana. Nosotros salíamos allí y teníamos vida en el centro comercial. Entonces, claro, a mí me sorprendía mucho que la gente hablara de eso como algo novedoso y tal.

En ese momento en que yo acabo de llegar aquí, estoy haciendo ya, empiezo a hacer el doctorado, estoy en el equipo de investigación de teoría y estética de las artes, me empiezo a dar cuenta de que deseo, como cualquier lector, deseo saber cuál es el mejor libro de la librería.

Yo entraba en una librería y encontraba que eso era un océano de libros y yo decía: “¿Qué libro de todos estos tendrá que ver conmigo y con mis emociones, con mis deseos, con mis dificultades, con mis conflictos, con mis problemas?”

A mí me habría gustado tener un coche fantástico para viajar al futuro, 30 años, por ejemplo, y saber cuál era el libro más importante del año 1994. Y poder comprarlo y no equivocarme. Entonces, ese deseo se me juntó con el tema que el modelo de vida norteamericano se estaba empezando a implantar aquí.

En Sevilla, que era una ciudad muy centralizada dentro de sus murallas, la gente estaba empezando a irse fuera, como en ciudades dormitorios pero ya no son de edificios, son de chalets. O sea, como casa con más espacio, con jardín, y fuera de la ciudad.

Yo también había vivido eso en Estados Unidos, yo sabía que eso en Estados Unidos era lo normal.

A mí todo eso me mosqueaba, me mosqueaba ver que el modo de vida norteamericano se estaba implantando aquí.

Todo esto sí que me parecía que tenía que ver con la literatura porque hablaba de la vida de las personas y de cómo eran sus relaciones humanas y sus emociones. No es lo mismo tener que estar hablando con tu novia por teléfono que poder salir a la plaza de tu ciudad o de tu barrio y poder charlar con ella tranquilamente. Yo creo que todo eso cambiaba mucho la perspectiva.

Entonces, cuando empiezo a leer la literatura norteamericana y veo que se están contando… Estoy hablando de los años 90, leyendo historias de los años 50 y 60 que tienen que ver exactamente con nuestras nuevas situaciones conflictivas. Yo estaba descubriendo la literatura norteamericana: John Cheever, Richard Yates, Raymond Carver, Bukowski, Saul Bellow, gente que en esa época estaba escribiendo con un lenguaje sencillo y natural. Y el problema no estaba en la belleza del lenguaje, sino en el conflicto humano, en las relaciones personales. En el tema, no en la forma.

Y luego, claro, un tipo de literatura muy acorde con el arte de la segunda mitad del siglo XX, donde en el arte de la pintura o de la música tú tienes que participar como espectador. O sea, tú ves un cuadro de manchas y tú no puedes quedarte ante ese cuadro si no… Pero si quieres participar, tienes que entrar en el diálogo con el cuadro de manchas: “Este cuadro, ¿qué es? ¿Qué significa? ¿Estas rayas qué son para mí? ¿Qué valor tienen? ¿Dónde está su belleza? ¿Dónde está su conexión conmigo? ¿Qué me comunica?” Cosas así. Entonces, la literatura de la segunda mitad del siglo XX era un poco así, en el sentido de que eran pinceladas de inquietud, temas de carácter humano donde a veces había finales abiertos y los lectores tenían que completar lo que faltaba.

Bueno, entonces cuando yo leía en los años noventa a John Updike, yo veía que las cosas que estaban pasando ahí estaban empezando a pasar aquí. Y claro, ahora que ya nos hemos divorciado… cuando me he divorciado, cuando me han pasado varias cosas, todo lo había leído ya. Yo ya sabía cómo se estaba gestionando, cómo se había gestionado, los errores que se habían cometido, todo.

Incluso leyendo a Philip Roth, que sí que era más contemporáneo, no era del pasado. Con Philip Roth, yo avisé a mis amigos. Teníamos cuarenta y cinco años y dije: “Mira, Philip Roth ha escrito este libro que se llama Elegía. Esto nos va a pasar”. Y quince años después nos ha pasado. Era fantástico.

—José Carlos Carmona Sarmiento, Universidad de Sevilla (España)

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