En un principio yo estoy formado para enseñar literatura. O sea, yo me he doctorado en literatura y una cosa es enseñar literatura y otra, muy distinta, es enseñar a escribir. Yo me negaba mucho, nunca quería dar clases. Había tenido varias ofertas, pero yo, un poco en la línea de Faulkner y otros autores, decía que para poder escribir hay que leer, y leer mucho.
Había una desconfianza inicial de los cursos de escritura creativa, que he ido superando. Entonces accedí a dar un curso aquí y maravillosamente quedó muy bien. Me gustó la atmósfera que se creó en los estudiantes.
De manera que llego a la enseñanza de la escritura creativa un poco, sí, un poco, como practitioner. He publicado cinco o seis libros, publiqué mi tesis, o sea, estoy familiarizado con el proceso de la escritura. Una vez empecé a dar este curso, esta es la segunda vez que lo doy, luego siempre le digo a la doctora Pastor: “Asígname los cursos de literatura, prefiero la literatura que dar escritura creativa”. Pero el primero fue muy bien, a los estudiantes les gustó, a mí me gustó. Surgió otra posibilidad y pues dije: “Está muy bien”.
Formulé el método un poco… no voy a decir de forma silvestre, pero sí de forma orgánica. Luego me orienté un poco, leí algunas cosas, algunos libros que me parecieron todos malísimos, porque un poco acartonados. Los manuales de escritura creativa. Pero Sagrado ya tenía un sílabo estructurado y bien pensado. Yo sobre ese sílabo construí algo, siguiendo las pautas que había allí. Añadí algunas cosas mías: quise enfocar más temas como el punto de vista, el narrador, la construcción de ambientaciones, la construcción de diálogos, de escenas, las transiciones entre un tema y otro.
—Manolo Núñez Negrón, Universidad del Sagrado Corazón, San Juan (Puerto Rico)
