Yo era un niño muy travieso y muy rebelde, y muy loco, y no leía, odiaba leer. Muy travieso, muy terrible. Y por ahí cuando yo tenía unos catorce años, trece, por allá en el colegio, una profesora se dio cuenta que por los aportes en clase había una cosa intelectual ahí, medio escondida, e hizo una gran labor en mostrarme que en los libros había algo subversivo.
Entonces ella lo que hizo fue ir a la biblioteca y decir: “Josef, me voy a robar estos dos libros y se los voy a regalar, léalos, y no le diga a nadie que yo le pasé estos libros”. Usó una herramienta pedagógica muy interesante donde me hizo ver que había algo prohibido en los libros.
Y me dio El Túnel de Ernesto Sábato, y me dio Lolita de Nabokov. Dos libros muy difíciles, ella me decía: “Léalos tranquilo”. Yo terminé de leer esos libros y dije: “Yo no sé qué voy a hacer yo con mi vida” – catorce años tenía – “pero va a tener algo que ver con esto”.
—Josef Amón Mitrani, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)
