historias del taller

narraciones sobre la escritura creativa y la creación literaria

Me ha servido mucho entrar y salir de la academia porque me permite ser mucho más omnívoro

Cuando salí de la maestría, fundamos una editorial y seguimos trabajándola a distancia. Éramos seis y estábamos en distintos lugares del mundo, y luego la fuimos consolidando, y ahorita yo creo que es una editorial bastante establecida, que es Himpar Editores.

La editorial para mí me permite combinar todo, porque nosotros en la editorial, con la colección de novelas debutantes, trabajamos, tallereamos los textos, entonces hacemos taller de creación. Pero luego también en el catálogo hacemos curaduría, que tiene que ver más con la formación literaria, y luego pues el trabajo editorial es más también de gestión.

Claro, la editorial a nosotros no nos da dinero, pero nosotros lo sabíamos desde el principio. Entonces, la decisión fue: nadie puede vivir de este proyecto, al menos no por ahora. Le invertimos trabajo, produce unas ganancias pequeñas que reinvertimos para que crezca, pero cada uno tiene su trabajo por fuera, siempre ha sido así.

Y ahorita que ha crecido el proyecto, pues ha crecido el tiempo que hay que invertirle; no se puede dejar nada. Toca seguir siendo profesor y siguiendo investigaciones que luego uno publica, pero también editando y luego haciendo su obra en el tiempo, en el tiempo escaso que queda. Ha sido mi caso, yo he terminado editando mucho más, al menos visiblemente, que publicando o haciendo parte de procesos colectivos de escritura y de taller, que publicando mi obra. Espero que eso cambie.

Aun así, yo creo que a mí me ha servido mucho entrar y salir de la academia porque me permite ser mucho más omnívoro: como escritor, como editor y como profesor.

Llevo desde 2012 enseñando en la universidad. Antes, yo creo que yo estaba más preocupado por tratar de ver cómo un escritor o una escritora podía pensar su relación con su tradición, con su bibliografía, con sus textos literarios, con sus precursores. Y creo que eso me importa menos ahora. No que no me importe, me importa y me parece una pregunta importante, pero me interesa más la construcción de una comunidad de escritura en el espacio: las maneras en que lo que pasa en el salón de clases se puede conectar con lo que está pasando afuera; que haya más una curiosidad del grupo por preguntarse qué está pasando en la ciudad, en dónde pueden ir a buscar cosas y recursos después; qué podemos hacer con lo que se escriba. Y combinar estos conocimientos distintos, técnicas y elementos de los oficios en función de las necesidades de un grupo, pensando en ese momento como un encuentro muy importante alrededor de la escritura.

El otro aprendizaje junto a entrar y salir de la academia, es estar en Bogotá y por fuera de Bogotá, en Colombia. Yo no he perdido el contacto con Barranca, por ejemplo, trabajo mucho allá con talleres de escritura y con el campo literario de Barranca y ahora aquí en Barranquilla. Y para mí son como polos a tierra: entrar y salir de la academia, y entrar y salir de Bogotá o del centro. Ok, chévere ir a la Feria del Libro de Frankfurt, pero ¿qué hacemos para que la Feria del Libro de Barranca el otro año siga existiendo? Porque esa es la preocupación de la Feria del Libro de Barranca.

—Óscar Daniel Campo Becerra, Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)

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