Sabía que quería ser escritora, así que entré a la universidad con diecisiete años ya con ese objetivo. Pero en mi cabeza era así: quien quiere ser artista visual estudia artes visuales, quien quiere ser músico estudia música, quien quiere ser actor estudia artes escénicas… ¿y quien quiere ser escritor? ¿Estudia Letras?
No, de ninguna manera. Me acuerdo incluso que el día de la matrícula, cuando llegué para inscribirme, había estudiantes de segundo año en la fila que preguntaban: “¿Y tú escribes?”. Y yo, toda feliz: “Sí, escribo”. Y una chica me dijo: “Vas a dejar de hacerlo”. Y fue más o menos lo que pasó. Durante los cuatro años de mi carrera, no escribí nada.
Estaba dando clases en escuelas, ya era profesora de lengua portuguesa, lectura, interpretación de textos, producción de texto… todo junto. Y entonces me enteré del posgrado del Vera y me inscribí tanto en el posgrado del Vera Cruz como en un posgrado en psicopedagogía.
Mi trabajo final de psicopedagogía, mi monografía, fue justamente sobre la enseñanza de la escritura creativa en escuelas primarias. Así que continué con esos dos posgrados: psicopedagogía, pero enfocada en la educación, ya con ese interés por la escritura.
Conseguí un premio estatal de fomento a la producción literaria, y eso impulsó mi carrera como escritora. Y comencé a dar talleres porque, al ser un premio público, parte de un programa social de promoción cultural, exigía algunas actividades de retorno social.
Y como yo era profesora, ofrecí, entre otras actividades – charlas en bibliotecas, actividades culturales, etc. – talleres de escritura. Di esos talleres en una biblioteca pública de la ciudad de Santos. Y fue la primera vez que ofrecí talleres literarios fuera del ámbito de la educación básica. Bueno, me encantó, era exactamente lo que más me gustaba hacer en la vida.
Y cuando dejé de trabajar en escuelas y pasé a dar clases para adultos que realmente estaban interesados, fue una experiencia increíble. Hubo mucha demanda, muchas personas interesadas. El Ayuntamiento de Santos se dio cuenta de que era un campo con demanda pero sin oferta.
Después de eso, como me gusta mucho estudiar y quería seguir formándome, sentía que ya no había más opciones. Ya había hecho todos los talleres posibles en São Paulo, ya había cursado el posgrado del Vera, y quería seguir estudiando, pero no encontraba qué más hacer. Leí todos los libros, esos manuales, esos libros para escritores que había en la época pero no eran muchos. Quería más, pero no había. Entonces pensé: bueno, quiero seguir estudiando y creo que voy a hacer un máster y voy a investigar.
En mi investigación abordo distintas líneas de trabajo con la creación literaria. Y entiendo que, para poder pensar una propuesta de taller, es fundamental tener muy clara cuál es la idea de literatura que se está valorando allí. Trabajé eso en un capítulo de mi tesis. También considero que un profesor de escritura necesita conocer en profundidad cómo funciona el proceso creativo para poder guiar a sus estudiantes no solo en las técnicas o en las perspectivas literarias, sino también como artistas que crean. Esto lo abordo en otro capítulo, junto con prácticas pedagógicas y didácticas coherentes con el trabajo que implica la escritura.
Parto de la psicopedagogía, que es mi base, algo que me apasiona. En otro capítulo traigo teorías de la psicopedagogía y de la educación, de la filosofía de la educación, que puedan fundamentar una práctica didáctica, una práctica docente más alineada con el tipo de conocimiento que implica la creación literaria.
Creo que tanto la práctica artística como la docente no pueden desvincularse de lo que somos como personas. Creo que la literatura que escribimos es un reflejo de quienes somos, y también que la clase que damos es un reflejo de lo que somos. Una investigación sobre uno mismo está en la base de ambas cosas. Tanto mi método como mi escritura nacen de esa observación atenta de mí misma. Y de mi experiencia, digamos así: yo, como ser humano en interacción con mi entorno, soy más o menos el punto focal de todas las experiencias que he tenido.
—Carolina Zuppo Abed, Instituto Vera Cruz, São Paulo (Brasil)
(traducido del portugués)
