Yo comencé a escribir desde niña, pero pensaba que para volverse escritora había que estudiar periodismo o comunicación. Hasta que llegué a la universidad no sabía que existía la carrera de Literatura Comparada ni de Estudio Hispánicos. Pero cuando solicité admisión en la Universidad de Puerto Rico, pues como no sabía que existían esas carreras, pensé en irme por Periodismo, pero no me interesaba tanto.
Y como tenía un buen promedio en matemáticas, pues acá siempre que tienes buenas notas en matemáticas te dicen “No, tú tienes que estudiar ciencias, tienes que estudiar”, así que empecé por biología. Entré por biología y tomé ese primer semestre las lectivas en literatura comparada y esas dos clases fueron suficientes para darme cuenta de que eso era lo que quería estudiar.
Entonces empecé el bachillerato en Comparada, pero luego me quise ir de intercambio a España. En la Fundación Ortega y Gasset, que fue donde me fui, solamente me convalidaban cursos para la carrera de Estudios Hispánicos. Así que me cambié, ya a punto de terminar Comparada, me cambié a Hispánicos ese semestre para poder recibir la beca estando allá.
Fue en España que empecé a escribir, que escribí mi primer cuento. Antes ya había escrito cartas y poemas y cuentitos, pero que yo me sentara con la intención de escribir un cuento fue sobre la experiencia de ser emigrante en otro país. Ahora recuerdo que era así como una historia amarga.
Así que cuando regresé, pues me matriculé en los talleres de cuento que ya había comenzado a dar Mayra Santos-Febres, la fundadora del programa de escritura creativa en la Universidad de Puerto Rico. Ella inspiraba agarrando también el auge que había tomado la Maestría de Creación Literaria que ya había empezado en Sagrado. La maestría de Creación Literaria empezó en el 2004 y yo justo regresé de España en el 2003, en el 2002, así que justo regresando de España fue que me matriculé en el taller de cuento y me matriculé también en un taller de cuento en Sagrado con Luis López Nieves.
Me encantó desde el principio la dinámica de taller, estar todos sentados. El de López Nieves era muy interesante porque era de educación continua. Reunía gente de todas las procedencias, de todas las edades, mucha gente que me llevaba veinte, treinta años, mucha gente mayor. No estuve tan comprometida como con el de Mayra, que entonces lo lindo del de Mayra fue que fueron talleres que crearon generaciones. Lo tomó Cézanne Cardona, lo tomé yo, lo tomó Luis Othoniel Rosa, lo tomó Jotacé López, a todos esos amigos que ahora nos leemos y publicamos, nos conocimos ahí con esos talleres de Mayra. Mayra les dio mucho cariño a esos primeros grupos, a esas primeras generaciones.
Fue en esos talleres que un día Mayra me invitó a escribir poemas, como que ella vio algo, tuvo como esa intuición de maestra y me dijo, ¿por qué tú no me escribes poemas?
—Mara Pastor, Universidad del Sagrado Corazón, San Juan (Puerto Rico)
